Mi llegada a Barcelona no ha sido muy cordial que digamos. En medio de la Plaza Catalunya había una panda bastante numerosa de musulmanes que estaban despotricando contra la iglesia católica y el ayuntamiento, porque el Sr.Trias les ha vuelto a negar la posibilidad de tener un local a modo de mezquita para sus rezos.
Después, en plena Rambla me he encontrado con una manifestación de esos pseudo-comunistas ecologistas que no han parado de increpar que no pago impuestos.
Y delante de la Basilica había un concierto -de esos que se hacen sin avisar, ¡como no!- anarcopunk de un grupo llamado Los Cabrones de los Cojones que la estaban liando bien gorda con sus cánticos infernales.
Al entrar en la Basilica he empezado a oír los cachiporrazos, golpes, gritos y las inconfundibles sirenas de los Mossos d'Esquadra. No he podido aguantar esbozar una sonrisa socarrona.
Ha sido cruzar el umbral y ha aparecido un párroco que estaba agazapado a mi izquierda que me ha tirado hacía el interior con fuerza. - Collons, vols entrar d'una punyetera vegada!. Era el Pare Garrigosa. Al instante, una voz ha sobresalido en el fondo donde está el atril. - Vols callar Miquel! Era el Pare Manel.
El Pare Garrigosa y el Pare Manel miraban desde la puerta lo que sucedía en el exterior. Sinceramente, me he quedado quieto como un idiota sin moverme. Ahora que lo pienso fríamente, a veces puedo llegar a ser un poco parado, bueno, no siempre, también he de reconocerlo. Todo sea por Nuestro Señor.
Media hora más tarde, todo había acabado y ha sido cuando el Pare Garrigosa me ha acompañado a mi nueva celda. No hemos hablado mucho, más bien nada de nada. Un escueto: Ja saps a l'hora de sopem. Així que t'esperem. - Tengo ganas de empezar.
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